La lámpara, cuyo invento se atribuye a Thomas Edison en 1879, se considera hoy un instrumento devorador de energía, pues sólo alrededor del cinco por ciento de la que recibe se convierte en luz, mientras el resto se malgasta como energía calorífica.

La lámpara incandescente es la de menor rendimiento luminoso de las lámparas existentes: de 12 a 18 lm/W y a su vez la que menor vida útil tiene, unas 1000 horas, pero es la más popular por su bajo precio y el color cálido de su luz.
Su sustitución contribuirá a la reducción del consumo de energía en iluminación en un 60% y se ha calculado que el cambio hacia dispositivos de iluminación eficientes supondrá un ahorro de casi 40 teravatios hora (equivalente al consumo de Rumania o al de once millones de hogares europeos) y un recorte de las emisiones de dióxido de carbono de quince millones de toneladas.
Vía: Decoesfera